TURISTA CULTURAL: Cachanilla Jazz

¿Jazz? ¿Aquí en Mexicali? ¿Quién lo diría? En contra de todo pronóstico, el pianista Jaime Montes Rubio ha logrado reunir a los amantes de este género musical en un solo lugar. El Café Literario del Teatro del Estado es la sede de sus conciertos, que no son los únicos en la ciudad si contamos el ciclo de jazz Summertime actualmente celebrándose en el foro experimental del CEART y el concierto de Leo Serna y su cuarteto que será este próximo jueves, también en el Café Literario. La influencia del festival anual Jacinto “Chinto” Mendoza en estos eventos, así como la presencia del jazz en generaciones anteriores de mexicalenses, es indudable.

Pero, ¿qué es el jazz exactamente? Los medios nos hacen creer que sólo la gente “de buen gusto” lo apreciará, como si la música que escuchamos fuera un obvio indicio de nuestra inteligencia. Sólo recordemos aquel episodio en el que Bob Esponja y Patricio aprenden a ser hombres escuchando este género musical.

El jazz es en realidad un matrimonio entre la destreza del músico y sus emociones. Un músico con poca técnica se quedará corto en sus interpretaciones, pero un músico obsesionado con técnica estará más preocupado con demostrar su habilidad que en deleitar el oído. Por algo el legendario trompetista Miles Davis señaló hace sesenta años que la música se estaba haciendo espesa, incomprensible.

Básicamente, en una buena pieza de jazz cada uno de los músicos del grupo (un cuarteto o quinteto usualmente) toma turnos improvisando un solo que embellece la melodía inicial. No hay ganchos ni coros pegajosos como en la mayoría de la música popular, sino una experiencia irrepetible. Por eso el jazzista que se respeta jamás toca la misma canción dos veces. Siempre habrá algo nuevo que expresar; la música está a la merced de sus ánimos.

El pianista Bill Evans comparó en sus notas del histórico álbum Kind of Blue al jazz con las pinturas que monjes japoneses hacen sobre papel de arroz. Los trazos de estos monjes tienen que fluir con naturalidad o de lo contrario arruinarán el papel. El jazzista es similar en su concentración absoluta. No cabe duda entonces de que la mejor parte del jazz en vivo es que la música es tanto hermosa como irrepetible. Se necesita de paciencia y atención para disfrutarla, pero vale muchísimo la pena.

Si desean conocer más sobre la agenda local de jazz los invito a unirse al grupo de Facebook “Comunidad Jazz Mexicali”, donde constantemente informan sobre nuevos conciertos. Si son principiantes en el jazz, Spotify y YouTube están a su disposición. Mi favorito es John Coltrane. Me pregunto cuál será el de ustedes.

*Esta columna apareció el 14 de junio en La Voz de la Frontera. Imagen destacada cortesía de Comunidad Jazz Mexicali. Esta edición digital fue alterada para reflejar mejor la historia del jazz en la localidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *