TURISTA CULTURAL: Boleros sinfónicos

Circunstancias extraordinarias llevan a una interpretación extraordinaria.

Crecí detestando casi toda clase de música pop y baladas, que no me parece para nada raro, pues carecía de la madurez emocional para apreciar música que no fuera nada más imponente y agresiva, una de tantas consecuencias del pésimo hábito que tengo de odiar las cosas que no sé hacer o que no entiendo.

Mi gusto bien documentado por el jazz facilitó que escuchara al legendario grupo latino/afrocubano Irakere por primera vez en el 2006, primero sus grandes éxitos y después su asombrosa producción “Boleros Inigualables”. El álbum me encantó en el aspecto técnico y de ejecución, pero continuaba sin apreciar la letra de canciones como “Mi Mejor Canción”, “Quizás, Quizás, Quizás” y “Bésame Mucho”. Tuve que vivir un poco más para sentir en verdad la fuerza de las piezas completas, la pasión y dolor de este legado que Cuba le deja al mundo.

Justo como los Beatles con su éxito “Yesterday”, los grandes boleros llegan al corazón por la simplicidad de su vocabulario y la ambigüedad de sus letras. El mensaje está claro pero la emoción que evoca, al no ser tan específica, sirve como un espejo para los oyentes. Ayuda a proyectar las experiencias personales al punto que algunos dicen —o sienten— que una determinada canción fue escrita para ellos. Mientras más vago el mensaje, más intensa la recolección de la memoria.

Tuve una epifanía por el estilo este pasado día de San Valentín cuando la Orquesta de Cámara de Mexicali e integrantes del Coro Sinfónico de la Casa de la Cultura presentaron su concierto de Boleros Sinfónicos. Desafiando el pronóstico de lluvia y manteniendo su compromiso con la música, transfirieron la sede del Bosque de la Ciudad a la Casa de la Cultura y la llenaron a su máxima capacidad. Norma Alicia Bustamante también participó en el evento prestando su voz y su poesía, cada palabra suya un preludio para las canciones del programa y un toque de ese concepto que todos entienden pero pocos sabemos explicar: la bohemia.

No me puedo describir como un romántico, un hombre enamoradizo, y evidencia de eso es mi actual, prolongada soltería, pero como todos he fallado en el amor tal vez más veces de las que quisiera admitir y en formas más catastróficas de las que me atrevería a confesar, y sé que soy mejor hombre por eso, más centrado, más compasivo, más entero. Los boleros me ayudan a reconectar con el tiempo, con las noches eternas, con los encuentros de medianoche, con la mirada que captura al mundo, con las indiscreciones y los murmullos que abren los ojos y aprietan el corazón. Con los boleros recuerdo, suspiro, pero también sonrío.

Esta columna apareció originalmente en La Voz de la Frontera el 21 de febrero del 2019.


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