SPIDER-MAN/DEADPOOL: Reseña

Mi marco de referencia en lo que atañe a Deadpool es radicalmente distinto al de la mayoría, pues lo sigo recordando por aquella corrida inicial de X-Force que Editorial Vid incluyó en X-Men Adventures. Entonces todavía era una copia de Deathstroke de DC Comics.

Mi marco de referencia para Spider-Man tampoco es el mejor. En los 90s tuvo una serie animada excelente pero comics nefastos —al menos la saga de los clones publicada a mediados de los 90s lo fue. Su sentido del humor, sus habilidades y sus villanos tampoco eran de mi agrado.

Incluso con estas circunstancias en mente, decidí darle una oportunidad a la serie Spider-Man/Deadpool de Joe Kelly y Ed McGuinness, en particular la colección que recopila los primeros 18 números. Supongo que quise matar dos pájaros de un tiro y comprobar si mi opinión de estos personajes se mantendría.

Me complace decirles que mi curiosidad fue debidamente recompensada.

UN BROMANCE DE SPÁNDEX Y LICRA

Iniciamos la serie con una secuencia de acción en la que Deadpool y Spider-Man deben liberarse de las garras del tirano interdimensional Dormammu. Spider-Man, usualmente el bromista, se vuelve el “straightman” mientras que Deadpool es irreverente e impredecible, haciendo amplias referencias a cultura pop y chistes de doble sentido que nunca pierden el ingenio ni transgreden.

Pero esto sólo cubre la superficie en la tensión entre ambos: Spidey ve a Deadpool como una amenaza, mientras que Deadpool trata de vivir acorde a un mayor estándar moral, lejos de la tentación del camino más fácil y violento.

El diseño original de Deadpool está basado totalmente en Spider-Man, acorde a su creador Rob Liefeld.

El resultado final es una historia sobre la madurez, la amistad y el crecimiento. A través de cada número Spider-Man aprende a confiar en Deadpool; al mismo tiempo, Deadpool intenta cambiar, reconociendo sus malas decisiones y yendo a extremos increíbles para enmendarlas.

Esto no significa que los guiones de Joe Kelly sean “Orgullo y Prejuicio” con superpoderes, no cuando nuestros protagonistas terminan bailando en ropa interior para aplacar la furia de Thor (Jane Foster) como castigo por involucrarla en una lucha de lodo con un súcubo, por ejemplo.

CONCLUSIÓN

Si la serie tuvo tan buena impresión en mí, un lector casual, entonces será por lógica un deleite para los fans de ambos personajes. Por fortuna tampoco es una lectura que requiera de cazar números antiguos o hacer viajes apresurados a Wikipedia. Todo embona en su lugar sin necesidad de mucho trabajo.

Todo, excepto por un gran detalle.

En esta corrida vemos a un Peter Parker totalmente fuera del status quo: adulto, dueño de su propia empresa y con una secretaria que conoce su doble identidad. Si bien estos cambios son radicales para aquellos que conocemos sólo lo esencial del personaje, no rayan en lo imposible ni en lo ridículo —sólo recuerden que hubo un tiempo en que James Gordon suplantó a Batman.

Al final, este título no destaca sólo por el legado de sus personajes (como en Superman/Batman, también ilustrado por Ed McGuinness); lo hace gracias al ingenioso sentido del humor y al ángel que sólo puede generar una historia que nos demuestra que, con o sin poderes, siempre tenemos la oportunidad de crecer y ser mejores.

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