Soledad

No le temo a la soledad. Le temo al abandono, a mirar sobre el hombro y no ver a nadie.

De adolescente me distancié emocionalmente del mundo. Fue durante estos años que aprendí a desconfiar de la gente al punto que cualquier muestra de afecto me causaba dudas. Este sentimiento se disipó con el paso de los años, en el verano del 2005 para ser precisos. A mis dieciocho años aprendí que existía gente con inseguridades similares a las mías, cuya sensibilidad los distanció del resto. Así formé amistades que perduran hasta el día de hoy, más de diez años después.

Con el paso de los años das muchas cosas por hecho, entre ellas hasta amistades como las que tengo. Las estaciones cambian, el mundo cambia y los hombres también. Estoy aprendiendo que no todas las amistades acaban en una traición, en una pelea o en una frase rencorosa. A veces la gente sufre tantos cambios que es imposible mantener un vínculo. Tendrán el mismo rostro pero en esencia ya no son los mismos.

He pasado noches en vela temiendo que muchas de mis amistades sufren de esta degradación. Tanto ellos como yo estamos cambiando–creciendo quizás–y lo que antes era más sólido que un lazo de sangre se vuelve un ejercicio de cordialidad. Cualquier esfuerzo por regresar a la calidez anterior sólo causa malestar y una tristeza indescifrable.

Mi dedicación a las letras me está distanciando de quienes llamé hermanos. Nunca pensé que empeñarme en mis sueños me llevaría a una encrucijada como ésta. Emerson sabía bastante al respecto. Creo que él también lo experimentó. Por algo siempre habló de ser sincero con uno mismo, con sus impulsos y sus ambiciones, aún a costa de distanciar a la gente de ti. Por eso su concepto de autosuficiencia no es físico sino espiritual.

Me han preguntado un par de veces si mi sensibilidad y mi interés en las artes me enajenan del resto del mundo, como si tuviera yo ojos diferentes como resultado de tanto análisis y contemplación. La primera vez que me preguntaron contesté que sí por compromiso. La última vez lo hice sumamente convencido.

No quiero hacer de la vida un sistema de soporte para el arte, pero el entregarme a las letras es para mí como respirar. No siempre lo haré bien pero estoy obligado a seguir haciéndolo. No tengo alternativa.

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