SHIGURUI: El Torneo del Castillo Sunpu – RESEÑA

El samurái, el legendario guerrero japonés, ahora ocupa un lugar de honor en la cultura popular occidental; los paralelos entre los westerns y las películas de samuráis no son ningún secreto. Los Siete Magníficos es una adaptación de Los Siete Samurái y Por un Puñado de Dólares lo es de Yojimbo. En ambas historias el samurái es un forastero de exterior rudo y corazón de oro, con la determinación de hacer lo correcto y la fuerza para imponer su moral superior.

Al menos ése es el samurái ficticio, el venerado ser mítico. El samurái históricamente correcto era miembro de una clase guerrera que se rentaba al mejor postor. Así como gozaban de diversas comodidades y placeres terrenales tenían la obligación de morir por y para su señor si éste así lo requería. Eran todo menos buenos samaritanos; no dudaban en cometer atrocidades con tal de asegurar su porvenir y el de su clan, como siempre lo han hecho los poderosos.

La realidad no es sexy. La verdad no vende tanto como el mito y la leyenda. Esto lo sabía Norio Nanjo, novelista y autor de la novela Torneo en el Castillo de Suruga, mejor conocida como Shigurui (Desesperación/Frenesí Mortal) por su reciente adaptación animada y la traducción al castellano por editorial Quaterni. Organizado en once relatos con un prólogo y un epílogo, Shigurui da la impresión de ser un libro como El Hombre Ilustrado o Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, una colección de relatos que con ayuda de un editor se transformaron en novela.

Sanjuro, el arquetípico samurái interpretado por Toshiro Mifune

La novela narra los eventos sucedidos en un sangriento torneo peleado con espadas reales. El torneo, nos dice el autor, es auspiciado por Tokugawa Tadanaga, un sádico señor feudal que además de poseer un sadismo inigualable planea usurpar el trono del shogun. Durante el libro se exponen no sólo la acción de los duelos sino su trasfondo; de hecho, la acción en cada capítulo queda relegada al final para darle una conclusión satisfactoria a cada uno de los conflictos.

Norio Nanjo tira por la borda cualquier noción de honor y valentía casi de inmediato en un estilo narrativo irónico, cínico y frustrado que comparte muchas similitudes con la obra del director Kinji Fukasaku, creador de la saga Batallas Sin Honor ni Humanidad y la icónica Battle Royale. En los duelos de  Shigurui el noble paga por su ingenuidad con la vida, el cobarde si no se sale con la suya muere violentamente y las mujeres no son más que peones o instrumentos. Las peleas suceden no para vengar una traición o el honor de una doncella o una familia, sino por motivos terriblemente humanos como malentendidos, envidia, orgullo y deseo de poder. Está por ejemplo el capítulo La Espada Sufriente, la historia de un espadachín que pese a su formidable habilidad se permite ser lastimado para reprimir tendencias masoquistas y su latente homosexualidad; ni qué decir de la primera historia, la más celebrada del libro, en la que un espadachín ciego y cojo y otro manco se baten a muerte, sus discapacidades haciendo poco para disipar el odio que se tienen.

Cada uno de los capítulos de Shigurui es una premisa trágica y terrible que expone los anhelos más desenfrenados y oscuros del ser humano. Aunque estas historias sucedieron en otro país y otro tiempo, las motivaciones que impulsan a cada uno de los duelistas son humanas en un modo que el samurái de cine rara vez demuestra (Trono de Sangre de Akira Kurosawa siendo la primera excepción que viene a la mente).

La novela culmina en un final para nada feliz pero sí esperado, el único desenlace que podría ocurrir en una historia en la que vidas humanas se ponen en juego para satisfacer viles ambiciones. Es un libro perfecto para aquellos interesados en las artes marciales, las historias altamente psicológicas y la intriga. Sus puntos en contra son lo redundantes que se vuelven algunas historias, así como el estilo seco y en veces hasta torpe del autor. Aunque tiene una brevedad de lenguaje adecuada, también es superficial; en algunos casos, el punto final de la historia es literalmente un espadachín cayendo abatido sin ninguna reflexión o peso dramático. Admito que disfruté de este libro más por la riqueza de su asunto y la reflexión de sus premisas que por su técnica y ejecución.

En resumen Shigurui explora los rincones más recónditos y oscuros del alma humana con la seguridad de que sólo hace falta cerrar el libro para regresar a la realidad, siempre sabiendo que aquellos personajes tan terribles son a quienes a veces entendemos mejor.

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