¿A Qué Te Sabe La Realidad?

La ficción es algo más que simples historias. Independientemente de si nos entretiene o nos hace reír o llorar, siempre existe algo más allá de las partes evidentes como la trama y los personajes, sin importar que leamos una novela corta como “Pedro Páramo” o la edición completa de “Los Miserables”. La ficción es esencialmente una ventana al mundo de quien la creó. Leyendo “Orgullo y Prejuicio” aprendemos cómo Jane Austen observaba las complejidades de la alta sociedad británica; con “Los Hermanos Karamazov” conocemos la opinión de Dostoievski sobre temas tan variados como la religión, la pobreza y el poder del perdón; mediante “Indigno de Ser Humano” conocemos la ansiedad social y depresión que orillaron al autor Osamu Dazai al suicidio.

Cabe notar que ninguna obra es un conducto absoluto a las experiencias o pensamientos de sus autores. No existe una escala uno a uno, una obra de arte que retrate la realidad con exactitud y de manera objetiva. Un escritor necesita de un sentido crítico y estético, de práctica, del refinamiento de una técnica artística y una habilidad narrativa. Esto se debe a que el escritor –como todos los artistas– digiere la realidad y arroja algo nuevo, un derivado de sus vivencias, su técnica y sus intenciones de enaltecer o destruir algún aspecto de la experiencia humana.

El arte no puede ser únicamente un concepto bajado del éter de las ideas a la realidad sin ninguna intención, consideración o técnica. No podemos confundir el surgimiento de emociones con el placer artístico. Un verdadero artista –en este caso un escritor– se esmera por expresarse de manera deliberada, placentera o cuando menos coherente. Elimina lo que no sirve y nutre lo que sí, extiende las partes emocionantes, recorta o extirpa las aburridas, estira el tiempo o lo comprime o lo detiene o da saltos que sólo la palabra escrita puede dar. Analiza, acomoda y pule como lo hacen los grandes escultores.

El trabajo de un artista no es sólo evocar una emoción; también implica expresar una pasión, una dedicación y una seriedad que lejos de ofuscar el producto lo elevan.


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