TENEBRIS AETERNAM: Tres poemas sobre H. P. Lovecraft

I

Magnifica temores una (lupa) de erudición.
Rasgos de pez, el producto del incesto,
ojos jóvenes encierran horrores ancestrales,
los mulatos carcajean sus intrigas,
el maullido de un gato racista,
la progenie del caldero en que hierven los pueblos del mundo.
A continuación: los tótems de la enfermedad americana.

El miedo a lo desconocido
es el miedo al desconocido.
En las ruinas y lengua de Babilonia está el insumo;
su locura es el patrimonio del cuervo de Baltimore.

“Ignoto. Ciclópeo. No euclidiano.”
Con estas palabras ilustra a
criaturas que graznan maldiciones más viejas que la humanidad,
viajeros cuyo océano es el tiempo y su navío las estrellas,
seres que velarán a la Muerte en su última hora.
¿Alucinaciones o testamento o advertencia?
Ninguna.
El terror primigenio.
Desvaríos de un enclenque en pugna con su febril cascarón,
el alfarero para los males de su época,
delirios con matasellos de
|Providence,
|Rhode Island,
|1926.

II

Recorre las millas desde
Nueva Inglaterra hasta San Francisco.
Trastes de guitarra como los huesos
en el lomo de un perro escuálido.
En Maine la percusión es una máquina de escribir eléctrica;
las fantasías de Carcosa, del monarca amarillo,
llegan al suburbio londinense de Crouch End,
donde la gente pierde su camino para siempre.
Cuatro supernautas en Birmingham penetran la pared del sueño;
con cruces de hierro tocan el intervalo del diablo.
La letra es de un mago de Northampton,
quien comulga con serpientes mientras que otro en Japón
armoniza con espirales.

Un hombre pez abandona las profundidades y emerge en Jalisco.
Canta galimatías de mano de su novia,
una muda ninfómana y zoofílica.

Ella disfruta en especial las historias sobre dioses nómadas,
aquellos que sueñan con el océano y el terror que
pernocta en su vientre.

III

Constata nuestra niñez la reliquía de arcilla.
¿Por qué me importaría el infierno?
Esto sobrepasa a
las máscaras de hockey,
a los suéteres rayados,
a los clavos.

Está lejos de la noche que nos chupa como el caramelo de una anciana sin dientes,
y del infinito entre
el relámpago

y el trueno.

En su trono el soberano Cthulhu.
(Salve. Salve. ¡ia! ¡ia!)
La raza humana encanece, apenas una brizna en el edredón estelar.

Éste es el origen de todo corto en el circuito humano.

Cuarenta pesos en una feria local. Pasta negra. Espina verde.
Me enseñó que hay cosas peores que el diablo.

Un estudiante de preparatoria no debería pensar en estas cosas.
Yo sólo quería un punto extra.


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