Poema a Artistas de Medianoche

Hay sueños dondequiera, corazón,
en la punta de un pincel viejo
en la cinta adhesiva que parcha
un saco de golpear,
en las teclas amarillentas de un teclado Casio
sacado de la casa de empeño,
en el escritorio en la esquina de la sala
bajo una ventana tapada con cartón.
Por algunos sueños se acaban amistades
hasta matrimonios y familias.
Por algunos hasta se sangra.
Por todos se llora.
Sudas por ellos sólo si quieres perseguirlos
con ojeras y el estómago vacío y la renta acercándose
y esa maldita voz deteniéndote a cada oportunidad.
Te tropezarás
tal vez
pero hasta los tropiezos te acercan más a la meta
que seguir con las piernas paralizadas
por tener la cabeza llena de piedras
miedo, dudas, vergüenza y malas ideas
y el corazón entumido por un golpe
que nunca sabes si vendrá.
Sólo pueden pisarte la garganta
si te quedas en el suelo lo suficiente, bebé.
Deja el ego en el cajón que de nada te ayuda,
deja las malas compañías que con tu conciencia tienes.

Si el mundo tendrá el ojo sobre ti
mejor que te vea bailando
aunque tengas una rodilla mala y el ritmo
de un paciente de Parkinsons
y sangre en el labio de tan fuerte que te estás mordiendo.
Viniste al mundo a sufrir, sin duda,
pero tú escoges el motivo.
Al mundo le toca golpearte
a ti responder.
Si la vida te respeta
te llevará
adondequieras.
Si domas al miedo
lo harás tu guía.

¿Dónde está tu sueño? ¿Donde lo pusiste?
Desempólvalo.
Hay trabajo que hacer.

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