MARCO RENTERÍA: Entrevista exclusiva

Marco Rentería, bajista de Jaguares, ofreció esta entrevista exclusiva el 22 de noviembre del 2019 en el camerino del Café Literario del Teatro del Estado. Los contenidos fueron editados con fines de brevedad y coherencia.

JP: ¿Sientes una conexión con la frontera ahora que regresas a Mexicali?

Sí. Especialmente porque mi mujer se crio aquí. Ella nació en San Luis Potosí y luego se la trajeron a Mexicali, así que es prácticamente cachanilla. Y mi hijo nació en Mexicali. Se nos adelantó un mes cuando nosotros vivíamos en Tijuana, así que es cachanilla también.

Además tengo grandes amigos aquí como Jaime (Montes Rubio), que lo conozco aproximadamente hace 10 años, y Said (Sarabia), que lo conozco un par de años para acá. También tengo una gran conexión aquí porque la mamá de mi papá, Lucinda Coreya, era una cantante de Calexico. Te estoy hablando de hace 50, 60 años.

“En el jazz hay elementos, como en la química, donde eres como un alquimista de emociones y de influencias.”

Mis papás se conocieron en Tijuana, y mi mamá me llevó a nacer a la Ciudad de México por cuestiones del destino. Un padrino mío, un marine, regresó de la guerra de Vietnam en 1974. Era piloto de Hueys y regresó bastante tocado de Vietnam. Vio cosas muy duras, por lo que le recomendó a mi mamá que no naciera allá, pues a él le tocó ver cómo a los boricuas y mexicanos los mandaban al frente de los tanques.

JP: Carne de cañón.

Exactamente. A mi mamá le dio mucho miedo, y contra la voluntad de mi papá (porque no la dejaban volar) se subió a un autobús Greyhound y se aventó dos días y medio hasta la Ciudad de México. Si no, yo hubiera nacido en San Diego. Nací acá pero viví hasta los 3 años y medio en Chula Vista, hasta que mis papás se separaron.

Por eso mi verdadero nombre es Marco Mendoza Jr. Mi papá es Marco Mendoza, un bajista muy famoso.

JP: Supe que tocó con Whitesnake y Ted Nugent.

Y mucha gente más. Sigue tocando, pero obtuve mi apellido de mi padrastro, quien me adoptó legalmente. Mi familia paterna sigue siendo de Baja California Norte.

Como verás, me gusta mucho aquí. Me encanta el desierto, me encanta la comida, me encantan todas estas cuestiones culturales binacionales que se reflejan aquí. Hay cosas increíbles.

JP: ¿Cómo explica Marco Rentería el salto de Jaguares al jazz? ¿De dónde viene esta discrepancia?

Siempre estuve expuesto a buena música. Cuando mis papás se separaron, tuve un tío que me cuidaba y él me ponía a escuchar Emerson, Lake & Palmer y Rush a mis cinco años. En vez de estar oyendo otra música, yo ya estaba oyendo rock progresivo. Fui muy afortunado, y desde entonces me volví un melómano.

Debo reconocer que era muy malinchista. No oía rock en español, pero el primer grupo que me llamó la atención —sin caer en falsas adulaciones— fue Caifanes. Me gustó su sonido oscuro, citadino. Yo ya escuchaba a Joy Division, The Cure, The Smiths y entonces encontré un lenguaje común ahí.

La cosa es que empecé a tocar música muy tarde. Primero estudié aeronáutica, y estudié música hasta los 21 años porque mi mamá no me dejaba, ya que vivió historias muy duras con mi papá. No quería que el primogénito fuera músico además porque en aquellos entonces, en la Ciudad de México, ser un músico era el equivalente a ser un vago, un drogadicto. (Risas)

marco rentería
El destino eventualmente reunió a Marco Rentería (primero en la izquierda) y a Saúl Hernández en Jaguares.

Nunca estudié formalmente música pero tuve maestros muy buenos, colegas que sí estaban en el conservatorio. Siempre estuve rodeado de músicos talentosos que me obligaron a prepararme.

Como mi amor a la música es sincero, yo investigaba los nombres en los discos que compraba. Por ejemplo, me daba cuenta que Bill Bruford de Yes tocaba en otros proyectos. Así fui descubriendo otras corrientes musicales y eso me llevó al jazz. Empecé a escuchar gente como Miles Davis, John Coltrane, Charles Mingus, Thelonius Monk, Charlie Parker, Dizzie Gillespie, Cannonball Adderley, etcétera.

El jazz me gusta mucho porque como bajista tienes una responsabilidad armónica muy importante. Tienes que estar haciendo los enlaces de triadas y de arpeggios con lo que está pasando en el piano y la guitarra. Es una música que me apasiona y me exige estar al día, concentrado y tratando de ser mejor músico.

“Muchos de los jazzistas decían que era rockero y los rockeros me decían jazzista, pero realmente a mí me gusta la música.”

Empecé a tocar como músico de acompañamiento con muchos proyectos de pop de Televisa, que era como el hueso. Andaba de gira por Centroamérica, Sudamérica, toda la República, a veces hasta Europa. Acompañé a artistas como Lila Downs, Christian Castro y Pepe Aguilar, entre otros.

Después toqué con los Jaguares y al ser rock es un estilo más animal, menos notas pero con más actitud y más volumen. Es muy diferente pero no tengo ningún conflicto; curiosamente, muchos de los jazzistas decían que era rockero y los rockeros me decían jazzista, pero realmente a mí me gusta la música. El jazz es un lenguaje muy bonito de improvisación.

JP: Es curioso que menciones eso, ya que en la mayoría de los discos de (jazz) fusion, suenan muy cercano al rock progresivo, con mucha guitarra y ritmos más movidos. En cambio tu disco Inner Voice tiene raíces clásicas muy claras. Por tu perfil esperaba algo muy distinto.

Ese disco me costó 20 años hacerlo, porque son composiciones que hice en momentos de quiebra en mi vida, momentos fuertes que me dio la melancolía, la tristeza y también la felicidad. Entonces agarré una guitarra y un bajo y compuse, nunca al papel sino desde el corazón.

Después me fui a vivir a Los Ángeles y tuve la oportunidad de estar tocando con distintos lineups de nivel mundial bajo mi nombre. Llegar con mis composiciones y ver cómo las tocaban distintas personas fue muy curioso porque siempre sonaban increíbles, pero a veces eran muy virtuosas o muy rebuscadas o muy minimalistas, hasta que la música se volvió algo mágico, más allá de acordes y melodías. Realmente despegó.

“Para poder ser un poquito más mesurado y más fino tienes que regarla muchas veces.”

Al tiempo me di a la labor de convencer a Otmaro Ruíz de que me produjera mi disco. Gracias a él pudimos grabar con gente como Jimmy Branley, Larry Koonse y mi papá, que grabó unos fills de bajo y participó en canciones como “Friendship” y “Homecoming”.

El disco quedó muy bonito. Yo no tenía la necesidad de tocar solos ni hacer malabares o circo en el bajo. Lo hice mucho cuando era más joven; obviamente, para poder ser un poquito más mesurado y más fino tienes que regarla muchas veces. En este disco mi rol era el de compositor y el de un bajista sólido que no toca para su ego pero sí para la canción. Gracias a Dios salió muy bien.

JP: Noté mucho esa distancia del protagonismo en el disco de covers de Caifanes que grabaste con Elizabeth Meza.

Lo bonito es que cuando Elizabeth me invitó, me dijo “Quiero que toques lo que tú oigas, lo que tú eres. No te hablamos para que toques lo que alguien más es o lo que yo creo que debe ser el bajo.” Cuando tienes esa libertad es aparentemente fácil, pero es muy fuerte porque ¿cómo mides hasta dónde te metes y hasta donde no? Puedes pecar de sensato y elegante pero te vas corto porque no llegas a decir mucho, o puedes decir mucho pero con pocas notas. Pero sí recuerdo que Elizabeth me decía “Échale. Lo que tú oigas. Olvídate del papel,” y por eso escuchas esa búsqueda melódica.

(Escucha el disco que Marco Rentería menciona aquí.)

JP: Tu currículum de internet también revela que has sido músico de sesión en más de 50 grabaciones. ¿Qué rol juega esta experiencia en tu carrera?

Fue muy difícil en un principio. Cuando estaba en Ciudad de México, ir a Los Ángeles era un salto muy grande, no como aquí que tienen todo tan cerca; pero cuando llegué ahí, aprendí a grabar de una forma más relajada.

“No puedo tener una pretensión sobre lo que hago. Sólo lo dejo fluir.”

Grabar es una responsabilidad muy fuerte, aunque no me considero un verdadero músico de sesión, en el sentido de que ellos tienen un nivel de lectura impresionante y una madurez pesadísima. Alguien que está grabando en el studio día a día tiene un conocimiento y un callo y un peso al tocar que son apabullantes.

Por eso cuando me invitan muchas veces les digo que yo no soy la persona indicada para eso, pero conozco a alguien que sí lo puede hacer; pero si me hablas para que haga lo que yo puedo hacer, lo que yo escucho, lo hago. El cliente manda, pero no me gusta ser camaleónico en el sentido de poder emular muchos estilos. Yo estudio lo que tengo que estudiar y me atrevo a dejar salir lo que tiene que salir. No sé si esté bien o mal pero es lo que sale. No puedo tener una pretensión sobre lo que hago. Sólo lo dejo fluir.

JP: ¿Cuál sería la mejor comparación para el jazz por su naturaleza experimental? ¿Laboratorio o cuaderno de bocetos?

Para mí es un laboratorio, porque los bocetos te llevan a una obra maestra, ¿no? Hablando de maestros como Picasso, primero hacen su boceto a lápiz y lo llevan al Guernica. En el jazz en cambio hay elementos, como en la química, donde más bien eres como un alquimista de emociones y de influencias.

JP: Por último, ¿por qué toca Marco Rentería?

Toco porque quiero vibrar con el universo. Quiero vibrar con el universo y quiero alinearme con la luz.

FE DE ERRATAS: Versiones anteriores de este artículo y textos promocionales describían erróneamente a Marco Rentería como exbajista de Jaguares. Se hicieron cambios para corregir esta información.

Lee la reseña del concierto de Marco Rentería en Mexicali aquí.

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