LAS BATALLAS EN EL DESIERTO: Reseña

“Las batallas en el desierto” de José Emilio Pacheco podría clasificarse como un espejismo. Muchos de nuestros radioescuchas seguramente estarán familiarizados con la canción de Café Tacuba, y quienes han escuchado rumores de este libro tal vez conozcan su polémico argumento, la atracción que Carlos, un niño de ocho años, experimenta por Mariana, la madre de su amigo Jim.

Sin embargo, más allá de cualquier comentario que uno pudiera hacer sobre esta trama, sobre su exploración del amor, la sexualidad temprana, la imagen de la mujer o la obsesión, esta novela corta es en realidad, una vez que se toca su fondo, una fotografía panorámica de México en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, época de enormes cambios para el mundo, ni qué decir para nuestro país. Fue en esta época en la que el autor vivió su infancia.

Pacheco nos presenta el conflicto de Carlos, sí, y su deseo por ser correspondido en su amor por Mariana es la fuerza que impulsa la novela hacia adelante; pero al mismo tiempo, como trama secundaria, Pacheco analiza a través de los ojos de Carlos su propia niñez, así como la lluvia torrencial de cambios que se dieron a partir del final de la década de los cuarentas, con la apertura de México a mercados internacionales, con la guerra que desemboca en la formación del Estado de Israel y que le da el título a la novela.

Para nuestros radioescuchas que son amantes de la literatura, pero también amantes del cine, “Las batallas en el desierto” cumple la misma meta creativa que Roma de Alfonso Cuarón; mientras que Cuarón filmó una carta de amor al México de finales de la década de los 60s, Pacheco escribió otra muy similar al México de finales de los 40s.

Mariana, la madre soltera y hermosa que se vuelve la obsesión de nuestro protagonista, bien podría ser una representación de la obsesión con un tiempo que ya fue y que ya no será. Esto es evidente en las líneas finales:

“Se acabó esa ciudad. Terminó aquél país. No hay memoria del México de aquéllos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años.”

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