La Mars Quiere Opinar

Este pasado jueves 23 de marzo el video de Marcela “Mars” Aguirre tomó por sorpresa a las redes sociales mexicanas como sólo puede hacerlo una jugosa controversia. En él, una chica mexicalense de 16 años confiesa que ha decidido abandonar la preparatoria para concentrarse en una carrera en YouTube, citando dentro de sus razones una inconformidad con nuestro sistema educativo, “este pinche sistema retrógrada” dice.

Curiosamente, los adolescentes son los últimos en opinar al respecto. No son ellos sino los adultos quienes entran al debate con vigor inigualable.

Las reacciones al video de la Mars son predecibles. En su gran mayoría la tachan de ingenua, malcriada e idiota. Esto refleja una tendencia que se está propagando como plaga en nuestra época, la de debatir personas y sus decisiones en vez de sus ideas.

¿A eso hemos llegado? Es peligroso decir que Mars no tiene derecho a opinar por ser adolescente. Eso es una censura disfrazada de regaño; si lleváramos esa forma de pensar al extremo, tus opiniones sólo merecerían consideración si tus experiencias lo validaran. Por lo tanto nadie podría opinar fuera de su género, de su raza o de su situación socioeconómica. No podríamos hablar de Ayotzinapa, Tlatelolco o los numerosos atentados terroristas que han estado ocurriendo estos últimos años simplemente porque no estuvimos ahí. Pasar por alto las opiniones de Mars Aguirre de esta manera significa desperdiciar la posibilidad de escuchar una crítica al sistema desde la perspectiva de alguien que pasó por sus engranes y que ha perdido la paciencia.

No pretendo defenderla a ella sino a su derecho a opinar, incluso cuando sus opiniones me disgustan.

En lo personal creo plenamente en las palabras que alguna vez dijo el ilusionista y conocido escéptico Penn Jillette: No puedes odiar a un hombre por sus ideas, pero sí puedes odiar a sus ideas. Odiar es quizás una palabra demasiado fuerte, pero hace bien su trabajo. En una sociedad perfecta, la gente tendría discusiones profundas acerca de sus ideas y no del por qué debido a su edad, su sexo o su posición no tienen derecho a expresarlas.

Ciertamente Mars piensa que está en lo correcto y, aunque no niega la posibilidad de retomar sus estudios y además ya cuenta con un trabajo, se mantiene firme en su opinión, una que no surgió del vacío. Creo que podemos criticar esa opinión sin tener que humillarla hablando de adultos mayores trabajando duro en su educación o comparándola con Malala.

No pensé que alguna vez tendría que decir esto, pero no hay razón lógica o cuerda para comparar el abandonar los estudios con recibir una bala en el rostro. Es idéntico a las madres que obligan a sus hijos a comer mencionando a los niños muriendo de hambre en África y es igualmente efectivo (o sea que no lo es en lo absoluto).

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