IMPRESIONES: Parte 4

Me despedí de la Ciudad de México un domingo, acompañado exclusivamente por extranjeros que se maravillaban de cosas que aprendí a dar por hecho. Te das cuenta de lo turbulenta y emocionante que es nuestra herencia y nuestra historia hasta que la escuchas de labios ajenos.

El viaje por las ciudades coloniales como Querétaro, San Miguel de Allende, Guadalajara y Morelia lo hice en un camión bastante cómodo. Odio los viajes en carretera por las complicaciones de mi estatura; cada que me subo un carro es como llevar las rodillas en el pecho. Afortunadamente, esta vez no sería así.

Nuestra primera parada fue Querétaro. Pasamos por debajo de su famoso acueducto y llegamos al Panteón de los Queretanos Ilustres. Desde ahí haríamos una caminata colina abajo, pasando por sitios como el muro por el que las fuerzas republicanas entraron para capturar a Maximiliano de Habsburgo, por el Convento de la Cruz y, finalmente, el palacio de gobierno y los callejones de artesanías.

Templo de San Francisco, Querétaro

A diferencia de la capital del país, Querétaro se percibía más conectada con la historia de México. Aquí la estética colonial se apreciaba con mayor facilidad. Había menos tráfico y por ello mayor oportunidad de apreciar las calles de piedra y las pequeñas casas que con sus colores y apariencia me recordaron a la casa de mis abuelos paternos, aquella que visité cada domingo casi toda mi infancia.

Nuestra siguiente parada después del almuerzo fue San Miguel de Allende, el otro lado de la moneda.

Ya que dejamos nuestro equipaje en el hotel, unos taxis nos dejaron a escasos metros de la Iglesia de San Miguel Arcángel. Aquí no había quietud sino música, celebración y vida. Los mariachis cantaban en los cafés, los artesanos vendían su producto en las calles, actores representaban leyendas para los interesados en recorridos nocturnos y, entrada la noche, una banda tocaba en el kiosco de la plaza principal. Todo era tan pintoresco que parecía la escena de fondo para alguna persecución de cine. Algo siempre estaba sucediendo, justo como en la Ciudad de México. Era de esperarse que por su belleza y todas las actividades y restaurantes disponibles San Miguel de Allende era el sitio predilecto para extranjeros jubilados.

Y sin embargo el pulso de la historia latía bajo todas las luces y la fiesta y el aire cosmopolita de la ciudad. Esto era gracias a la arquitectura colonial de las iglesias y comercios que hacían de la ciudad patrimonio cultural de la humanidad, esto sin olvidar la casa en que nació Ignacio Allende.

Terminé esa noche disfrutando de un recorrido nocturno donde diferentes actores me narraron algunas de las leyendas e historias más famosos de la ciudad, todos datando entre el siglo XVII y XIX. Uno de los actores dijo algo que se ha quedado conmigo desde entonces: toda historia digna de contarse es en esencia un chisme.

En camino al hotel conversé con un taxista que no podía tener arriba de veinte. Me comentó cómo la fuente más común de trabajo para los lugareños era el turismo y cómo él, por verse obligado a conseguir un trabajo, no pudo concluir su preparatoria. Le dije que en Baja California existía el bachillerato para adultos y él se lamentó de que en su tierra no existiera esa oportunidad. Tenía la historia de toda una nación a sus pies, pero eso no importaba si carecía de oportunidades en el presente.

Y ésa es probablemente la única cosa que Mexicali tiene a favor en comparación con aquella ciudad tan hermosa.

2 ideas con respecto a “IMPRESIONES: Parte 4”

  1. Hola muy bonita tu narracion, yo nunca e viajado pero al estar leyendo me imagine las estados tan bonitos con toda su historia felicidades Joaquin y gracias x narrar tus experiencias Dios te bendiga y cuide para que nos sigas narrando nuestro Mexico

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