IMPRESIONES: Parte 3

Cuentan que cuando el escritor francés Stendhal visitó el sitio donde estaban sepultados Miguel Ángel, Maquiavelo y Galileo, éste experimentó un ataque de pánico. Él mismo escribió:

Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme.

Y así nació la hiperkulturemia, mejor conocida como síndrome de Stendhal. Pese a no ser reconocido oficialmente como un desorden mental, Wikipedia observa que “el síndrome de Stendhal se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico.”

El sábado que tomé el Turibús hacia el centro histórico de nuestra capital casi tuve la misma impresión, particularmente cuando realicé mi primer parada en el Hemiciclo a Juárez. El estar en presencia de un monumento tan bello y del Parque de la Alameda me llenó de una alegría que recordaré por muchos años. Los organilleros tocaban su música mientras yo observaba los pilares, leones y ángeles que conformaban el Hemiciclo a Juárez. Al fondo las jacarandas de la Alameda dejaban pasar los rayos de sol matutinos. Estaba en otra realidad donde podía satisfacer mis sensibilidades sin miedo ni vergüenza.

Esa sensación incrementó tras tener el Palacio de Bellas Artes a la vista. Deseaba con ansias estar ahí desde que pasé el día anterior en mi camino a Teotihuacán.

Palacio de Bellas Artes

De la fachada del palacio emanaba una profunda opulencia europea que le hacía honor a su nombre. La belleza simétrica del art deco continuaba en el pabellón y los pisos en que se exhibían los murales de David Alfaro Siqueiros. El museo mismo era otra de las obras de arte en exhibición, y aunque no pude apreciar su majestuoso auditorio excepto en una maqueta del último piso–correspondiente al Museo Nacional de Arquitectura–, disfruté de la exhibición Híbridos y la colección Chucho Reyes. Recorriendo el palacio saciaba un hambre olvidada. Leer libros, escuchar música y ver cine en casa sólo aplaca los dolores sin calmar a la fuente. Detesto decir que me inspiré; más bien me empapé de toda esa energía con voracidad.

Regresé contento al Turibús y bajé en el Zócalo. Aquí estaba una escena más propia de México donde los vendedores ambulantes rodeaban la catedral, así como los bailarines representando danzas aztecas y los santeros haciendo sus exhibiciones para los turistas curiosos.

Visité la catedral, el museo de arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Palacio Nacional, en ese orden. De las tres visitas la última fue por mucho la más fructífera, pues ahí pude entrar a una exhibición de artículos relacionados con el presidente Benito Juárez. Su recámara y su sala de estar fueron recreadas con gran cuidado, además de que se exhibió una gran cantidad de sus artículos personales, como su indumentaria masónica que despierta tanta controversia entre aquellos que estudian a fondo nuestra historia nacional.

Después de una molesta y larga espera para regresar al Turibús en el Zócalo, admiré de lejos la Condesa y regresé a Chapultepec, esta vez para entrar al Museo de Arte Moderno y apreciar sus exhibiciones y su jardín de esculturas. Dada la hora, regresé a la Alameda e hice la Torre Latinoamericana la última parada del día. Las filas que tuve que hacer para llegar a la terraza agotaron toda mi paciencia–los pobres empleados estaban abrumados y daban instrucciones incompletas–, pero al final valió la pena. Con el zócalo, la nueva basílica y el ángel de la independencia a la vista desde ese punto, entendí la enormidad de la ciudad y supe que tenía que volver. No es cuestión de si lo haré, sino cuándo.

El zócalo capitalino

Fue una buena conclusión para ese día, un cierre con broche de oro para mi estancia en la capital, en especial las horas que pasé en el Palacio de Bellas Artes. La mañana siguiente iniciaría un tour por algunas de las ciudades coloniales más importantes de México, la verdadera razón de mi viaje. Me esperaban bastantes experiencias, y por supuesto grandes impresiones.

[Gracias por continuar leyendo esta serie. Tomaré un breve descanso de ella para no acaparar todo mi contenido, pero aún queda mucho por escribir. Por el momento sólo necesitan dar click en la categoría “Impresiones” para seguir esta serie. Hasta entonces. -JP]

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