La Guerra Didáctica

En el tema de la educación media superior en México, la conversación suele apartarse de la humanidad de los docentes. Se habla de la disposición de los alumnos y de su actitud sin hacer lo mismo por el profesor. Queremos completar un rompecabezas mientras escondemos las piezas restantes.

Uno de los conceptos de vanguardia en el nuevo modelo educativo mexicano es que el alumno es más que un alumno. Es un hijo, empleado, novio, padre o madre. Las experiencias tanto dentro como fuera de clases constituyen su identidad y deben ser tomadas en cuenta durante su educación. Resulta entonces insensato ignorar la realidad del profesor. Buscamos incansablemente soluciones a problemáticas educativas y al mismo tiempo le damos la espalda a los retos de la profesión docente, al hombre o mujer que existe antes y después del timbre.

Por ejemplo, así como un alumno malinterpreta a su profesor y asume que tiene algo contra él, es necesario aceptar que el profesor también puede saltar a conclusiones equivocadas. A veces las circunstancias te orillan a esperar lo peor de alguien sea quien sea, y cuando estás frente a un grupo no se necesita de mucho para suponer que tú eres el objeto de aquella risa en la esquina. Si voy a continuar escribiendo esto necesito admitir que es algo que me ha pasado.

“Buscamos incansablemente soluciones a problemáticas educativas y al mismo tiempo le damos la espalda a los retos de la profesión docente,”

Es por esto que el profesor de bachillerato debe estar listo para sincerarse con sus alumnos sobre sus inquietudes e inseguridades y su humanidad. Debe de hacerlo si espera lo mismo de ellos. De otro modo no existirá una ley de equivalencias, una dinámica que promueva el crecimiento y comprensión tanto de los educados como de quienes educan.

En una experiencia educativa fragmentada el profesor luchará por hacer que el alumno tome riesgos, se explore y se conozca emocionalmente, pero cuando sea su turno buscará refugio en la seguridad de su rol. Y así se dará una experiencia desigual y convenenciera, donde el profesor pedirá de su alumno sacrificios que ni siquiera él está dispuesto a hacer.

Si no sabemos predicar con el ejemplo, ¿qué nos queda?

1 idea con respecto a “La Guerra Didáctica”

  1. Me parece muy acertado su comentario. Si se toma más en cuenta a los alumnos el profesor obtendrá más atención de los alumnos.

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