Falsas Inversiones, Costos Verdaderos

Supongamos que vas a tu restaurante favorito y pides lo más caro del menú; desgraciadamente, la comida está dura y grasosa y desabrida y no se arreglará regresándola a la cocina.

Pero gastaste cuatrocientos pesos, así que te aprietas la nariz y te la terminas. El estómago se te revuelve y te quedaste con hambre. Te preguntas si valió la pena.

Esto es el mejor ejemplo de la falacia del Concorde.

La falacia del Concorde consiste en realizar una actividad que te desagrada porque ya le invertiste tiempo y dinero. Recibe su nombre del Concorde, un avión supersónico que el gobierno británico desarrolló y mantuvo en funcionamiento aun cuando fue obsoleto. Políticos y funcionarios se quejaban del proyecto y lo llamaban una pérdida de tiempo; sin embargo, una serie de compromisos políticos y económicos evitaban que éste fuera cancelado.

Nosotros vivimos escenarios similares diariamente. Nos quedamos en el cine a ver una película que no nos gusta, seguimos haciendo fila porque ya le invertimos dos horas, etcétera. Aunque abandonar la inversión que hemos hecho no siempre es lo correcto, tampoco lo hacemos lo suficiente. Nos es difícil aceptar cuando están menospreciando y malgastando nuestro dinero y nuestro tiempo, tal vez por miedo a parecer fríos o groseros o cortantes.

Me pregunto cuántos mejoraríamos nuestras vidas si escapáramos de tantas falsas inversiones.

Por eso quiero invitarlos a evaluar todas las conexiones en sus vidas, todas sus inversiones de energía y tiempo, desde hobbies, negocios, estudios, carreras, amistades e incluso relaciones amorosas. No soy quién para decirles qué hacer, pero sé de primera mano que la costumbre y el medio al cambio nos mantienen regando jardines que murieron hace tiempo.

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