Escribir en el Fuego

Empezar un diario ha sido la mejor idea que he tenido y lo peor que pude haber hecho.

Un diario implica atrapar ideas del éter y aterrizarlas en palabras concretas. En él puedes opinar sobre tu día, tus hábitos, aquella persona que te trató mal en el mercado, la película que viste, el libro que terminaste. Lo que sea. El formato es libre. La meta es la expresión.

¿Qué tal tú? ¿Escribirías un diario? ¿Por qué? ¿Por qué no?

Hay quienes responderán aterrados: ¡Claro que no! ¿Y si alguien lo lee? (Escóndelo.) ¿Y si alguien lo encuentra? (Usa una aplicación de computadora con contraseñas y/o cifrado) ¿Y si descubren el password? (Entonces cada cosa que escribas tritúrala y tírala a la basura) ¿Y si se meten a la basura y vuelven a formar las páginas como en las películas? (…)

La ansiedad detrás de este intercambio es más profunda de lo que aparenta. El miedo a escribir nuestros pensamientos más privados es también el miedo a reconocerlos. No sabemos qué pensamos hasta que lo expresamos. Esto puede sorprendernos, asustarnos o resultar tan aberrante que nos hace cuestionar todo lo que dábamos por sentado. Por eso, aunque hables de un espacio con todos los instrumentos para escribir tu diario, suficiente tiempo y un bote de basura en llamas al lado para destruirlo todo, no todos decidirán hacerlo. No cualquiera está listo para reconocer sus límites, sus miedos y sus prejuicios, menos para lidiar con ellos. No queremos responder ante nadie, incluyéndonos a nosotros mismos.

Si esta herramienta es utilizada correctamente, si no mientes y te despegas de tu ego y de tu orgullo, tendrás una oportunidad incomparable de crecimiento. La recompensa será directamente proporcional a tu esfuerzo, tu constancia y tu dedicación. Tampoco esperes grandes cambios si escribes 1,000 palabras una vez por semana, o si sólo escribes sobre cosas cómodas e inofensivas en vez de tus inquietudes.

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Algunos de los diaristas más famosos incluyen a Nelson Mandela, Kurt Cobain, Ernest Hemingway y Virginia Woolf, entre otros.

Mantener un diario es un trabajo mental agotador. Te pone en un espacio al que llamo “el fuego”. El fuego es esa sensación de profunda angustia y vergüenza que te consume cuando aceptas incondicionalmente tus errores, tus límites y tus responsabilidades. El fuego le inspira pánico a la mente y hará cualquier cosa para alejarte. Para escudarnos de él mentimos, buscamos pretextos o desviamos la responsabilidad a otros; el fuego puede ser incluso tan intenso que nos orilla a lastimar o a matar. Sin embargo, no olvides que así como el fuego quema y destruye, también endurece el barro y suaviza el hierro para que el herrero forje una espada; del mismo modo, si permaneces en el fuego, expondrás tus debilidades y fortalecerás tu carácter. El diario es el ruedo ideal, la arena perfecta, lejos del juicio de todos e íntimamente cercano al propio.

En resumen, algunos de los beneficios de mantener un diario son:

  • Ejercita la constancia y la disciplina. Sólo necesitas 20 minutos diarios al final o al principio de tu día. Mantener el hábito además te ayudará a levantar y mantener tu confianza.
  • Promueve un diálogo interior honesto y saludable. Es inútil mentir en un diario. Nadie te leerá excepto por ti. Di lo que en verdad pasó y lo que en realidad sentiste.
  • Mejora la redacción. La única forma de escribir mejor es escribiendo.
  • Fomenta la resiliencia. Ver con honestidad tus fallas y tus áreas de oportunidad te ayudará a ser exigente contigo mismo y tolerante con los demás.
  • Combate la monotonía. Sentarse a escribir un diario ayuda a que los días no se nos vayan en el borrón indistinguible de la rutina.
  • Desarrolla tu atención. ¿De qué escribirás en tu diario si no dejas las distracciones y no miras con detenimiento tu vida?

El ejercicio mental, igual que el ejercicio físico, es benéfico, pero no por eso será sencillo. Si te dedicas a él pasarás momentos difíciles en los que querrás tirar la toalla y pretender que no viste nada, donde te conocerás realmente ya no por quien aparentas ser sino por quien en realidad eres, pero si te aplicas y sobrevives al fuego estarás más cerca de ser el “tú” que siempre supiste que podrías ser. La energía y tiempo que inviertas los recuperarás con creces formando una perspectiva más clara de tu vida.

Sócrates dijo: “La vida que no es examinada no merece ser vivida.” Entonces es hora de que te conozcas a ti mismo. Apártate de tu propio camino, entra al fuego y deja que éste te bautice.

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