UNA TARDE CON LA ORQUESTA: Mi experiencia en un ensayo de la OCAM

Entro al teatro de la Casa de la Cultura en el preciso momento en que Antonio Malavé, director de la Orquesta de Cámara de Mexicali (OCAM), le llama la atención a un grupo de bailarinas, todas niñas de primaria y jardín de niños. “Si quieres estar entre los mejores, pórtate como los mejores,” les dice con su ligero acento venezolano. Las niñas ven al director, sí, pero principalmente se ven las unas a las otras. Más que apenadas, están confundidas.

Una madre de familia me cuenta con una sonrisa que las bailarinas estaban platicando, jugando, distrayéndose. Su tono dice lo que por respeto no puede: “Son niñas.” Entretanto, Malavé ya les dio la espalda; inmediatamente después de su regaño, bromea y juega con uno de los violinistas.


El ensayo es en preparación para un nuevo concierto didáctico de la OCAM, un evento que unirá a la música con el ballet y a estos dos con la tradición del cuentacuentos. El concierto, basado en el cuento de “Pedro y el lobo” y la adaptación musical de Sergei Prokofiev, busca educar a los asistentes sobre la composición y estructura de una pieza musical, así como los sonidos de los diferentes instrumentos en una orquesta.

“Si quieres estar entre los mejores, pórtate como los mejores.”

Antonio Malavé, director de la OCAM

Pero esto no es una kermesse ni un bailable de fin de curso; es un esfuerzo artístico hecho con seriedad, que requiere trabajo, tiempo y dedicación, características que Malavé tiene de sobra y que se contagian al resto de los participantes, incluso a las pequeñas que observan con atención el ensayo general. Su gran energía va a la par con una gran inteligencia kinestésica —son niñas, y están hechas para bailar.

Cristian Hernández, actor de la compañía Metateatro y el famoso Grinch de la Villa Navideña en el FEX, guía a la orquesta y al ballet con su narración, pero muestra algunas dificultades en el ensayo que después me confiesa se deben a la exactitud requerida de su trabajo. El concierto se pierde sin sus intervenciones, y si a esto se le añade que no puede utilizar su cuerpo y el escenario como sucedería en el teatro, es correcto decir que tiene un gran reto por delante, reto al cual no obstante le da la bienvenida como una oportunidad de crecimiento.

Alguien más observa el ensayo con atención. Es Daniela Zavala, licenciada en danza y la directora del cuadro de bailarinas de la biblioteca David Monay Quirarte. Al contrario de otras maestras de danza que he observado —aunque confieso no son muchas—, se mantiene de brazos cruzados la mayoría del tiempo. Confía en sus alumnas y les otorga autonomía en el escenario, corrigiendo o modelando pasos sólo cuando es necesario. Esta práctica construye la confianza necesaria para la primera presentación oficial del grupo.

En una breve entrevista después del ensayo, Zavala me explicó que las niñas, provenientes de la colonia El Cóndor, forman parte de la primera escuela gratuita de ballet en Mexicali, la segunda en todo el país, y que gracias a los esfuerzos de IMACUM ahora tienen su primer acercamiento a este arte. La motivación de la maestra para gestionar este proyecto fue dar algo de vuelta a su comunidad, pues recuerda lo difícil que era trasladarse desde el área de Palaco al CEART para tomar lecciones de danza.

La OCAM, como es ya su costumbre, hace una gran actuación, así que los músicos tienen una breve oportunidad de relajarse antes de seguir ensayando. Quedan pocos detalles por afinar. Las observaciones que hace el director Malavé son mínimas y van relacionadas a cuestiones avanzadas de la música —esotéricas, dirían algunos— como la “expresión” de las notas que complementarán los movimientos de las pequeñas.

En la superficie, este concierto parecerá otra nota en el calendario cultural de nuestra ciudad, un evento adorable, una distracción veraniega. En realidad involucra considerable disciplina por parte de cada uno de los elementos, desde los músicos, las bailarinas, el narrador Cristian Hernández, la maestra Daniela Zavala y el director Antonio Malavé. Es una maquinaria donde cada parte se moverá en conjunto para montar algo inolvidable.

La reseña de “Pedro y el Lobo” está disponible aquí.


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