El Trono en el Infinito

Aluciné tu silueta
hasta que te escuché en labios ajenos.
Tuve que hacer de ti
un espejismo en el desierto de mi vida
para poder seguir adelante.
Ahora los dos nos entregaremos
una vez más, en contra de todo pronóstico.
El telón caerá y por fin seremos
tú y yo, vida de mi vida, mi destino,
un solo cuerpo, un organismo.
Ya no nos separarán nuestras pretenciones
o el nombre que vestimos como máscara.
Lo único que nos distinguirá uno del otro
será la frontera de la piel,
de nuestros gemidos, del sudor.
Si tenemos secretos
nos los contaremos con la mirada.
Reiremos al hacer el amor
y nos besaremos sabiendo por qué.
Habrá mucho que hacer. Poco que explicar.
Me vaciaré completamente en ti
en cuerpo y espíritu
con plena confianza de que recibirás todo.
En la cama, en la oscuridad,
en el ser que formaremos en las sombras,
sabré que eres ilimitada, profunda,
y yo insaciable, interminable.
Te daré todo porque puedes recibirlo
y tú me recibirás porque tienes hambre de vida.
Será un amor sin tregua y sin cuartel
no como aquellos que quieren saciarte con migajas
o seducirte con sobras que matan el apetito.
Nos consagraremos como esclavos el uno del otro,
encadenados por nuestras caderas trémulas
y la búsqueda desesperada de un amor intenso
que lejos de abrumarnos o consumirnos
explotará
y nos retornará a nuestro trono en el infinito.

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