CREED II: Choquen Guantes

ADVERTENCIA: Este artículo contiene spoilers de la película.

La última imagen de Rocky Balboa (2006) es Sylvester Stallone observando el paisaje nevado de Philadelphia desde los ya famosos escalones del museo de arte de la ciudad. Era la mejor despedida para aquel personaje noble y sin malicia que aguantó hasta el último round contra el campeón del mundo e inspiró a tantas generaciones desde 1976. Ya no habría más montajes de “Gonna Fly Now”, ni peleas cargadas de emoción ni Rocky encontrando la motivación para levantarse de la lona otra vez.

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La imagen final de Rocky Balboa (2006)

Eso cambió con Creed (2015), película que continuó la franquicia desde la perspectiva de Adonis Johnson Creed (Michael B. Jordan), el hijo ilegítimo de Apollo. Lejos están los clichés, estereotipos y excesos que caracterizaron a la tercera, cuarta y quinta entrega. Aunque Rocky Balboa ya contaba con su buena dosis de realismo gracias a la participación de un boxeador legítimo —el campeón Antonio Tarver—, la participación de HBO Boxing y una coreografía más realista, Creed alcanzó otro nivel en especial con la famosa pelea en una sola toma que ocupa el segundo acto. La película tiene una carga emocional increíble tanto por los conflictos de su protagonista como la lucha que Rocky libra contra el cáncer.

“Ése es el trágico camino de Victor Drago y Adonis Creed: uno lucha para ganar el amor de su padre mientras que el otro lo hace para exorcizar al fantasma del suyo.”

Creed II (2018) es un matrimonio entre las partes más espectaculares de la franquicia y el drama y emoción de las más serias. La trama en esta ocasión se centra en Adonis y Victor Drago (Florian Munteanu), el hijo de quien mató a Apollo Creed en Rocky IV (1984): Ivan Drago. Mientras que la película anterior explora la búsqueda del propósito de un hombre —demostrando que su vida no fue un error, en palabras de Adonis—, el tema central de la segunda son las expectativas y el dolor que una generación puede heredarle a la siguiente. Es una secuela tanto esperada como inevitable.

DOLOROSAS EXPECTATIVAS

Adonis Creed y Victor Drago son hombres eclipsados por enormes sombras, el primero por las de su difunto padre y su mentor y el segundo por la derrota y deshonra de su padre. Lo fascinante de la dinámica entre ambos peleadores es cómo se invirtieron sus roles. Es Adonis quien inicia las hostilidades, quien se comporta agresivo y altanero a la menor provocación. Esto es evidente en uno de los momentos más interesantes de la película: el choque de guantes durante su primer encuentro.

En esta era post Mayweather vs. McGregor, hay un momento para generar polémica e interés y otro para el oficio boxístico. Las habladurías terminan cuando ambos peleadores están finalmente en el ring. Existe —o así se supone— un respeto mutuo entre los peleadores antes de que comiencen las hostilidades, el cual está simbolizado por el choque de guantes. El no hacerlo indica que las cosas se han tornado personales; por extensión, cuando uno de ellos se queda con los brazos estirados conlleva las mismas consecuencias que rechazar un apretón de manos.

Y Creed se negó a chocar guantes. Entonces la cara de Victor Drago lo dice todo: “¿Qué te sucede?”.

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“En esta era post Mayweather vs. McGregor, hay un momento para generar polémica e interés y otro para el oficio boxístico.”

El antagonista revela de esta forma su complejidad. Carece de la crueldad de su padre y pelea no por honor sino por aprobación. Victor es tratado como un títere, un instrumento que resucitará la antigua gloria de Ivan y anulará su deshonra. Adonis sin embargo es incapaz de ver más allá de la maldición que enmarca al legado que comparten. Está tan cegado por la presión de su apellido que se mira obligado a vengar a un padre que jamás figuró en su vida, excepto como un estándar al que había que ascender.

Todo esto sale a relucir en la conclusión de la primera pelea durante la que Drago, sobrecogido por la emoción y la furia, por la imagen que su padre le ha inculcado de los Creed, deja ir una victoria segura y pierde por descalificación.

UNA HERENCIA TERRIBLE, UN DESTINO CRUEL

Ése es el trágico camino de Victor Drago y Adonis Creed: uno lucha para ganar el amor de su padre mientras que el otro lo hace para exorcizar al fantasma del suyo. Es en muchos respectos un destino cruel. El sufrimiento de la generación anterior pasa a los hombros de la siguiente. A los hijos les toca finalizarlo, o de lo contrario harán también de él su herencia.

Al final, Creed se sobrepone a sus inseguridades y al peso de las expectativas del mundo entero para ser un mejor boxeador, un mejor esposo, un mejor padre, un mejor hombre. Victor Drago en cambio encuentra en el ojo del huracán el verdadero antídoto para el veneno que lo plaga tanto a él como a su padre: paz, comprensión, comunión, compasión.

No hay mejor conclusión que ver a Adonis Creed visitar la tumba de su padre junto con su nueva familia, al mismo tiempo que Victor Drago corre por los barrios bajos de Ucrania del modo que siempre buscó y necesitó: de la mano de su padre.


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