Comediantes, Babuinos y Padrotes

“Todo es divertido hasta que te sucede a ti.”
–Dave Chappelle

Tengo diferentes mentores. Aunque la mayoría de ellos ha pasado a mejor vida—Malcolm X, Ray Bradbury, Hemingway, Teddy Roosevelt, Juan Rulfo, David Bowie, entre otros—, algunos tienen la fortuna de seguir con nosotros. Hablo del guionista de cómics Alan Moore, el monje zen Thich Nhat Hanh y, más recientemente, el comediante Dave Chappelle.

La saga de Dave Chappelle tiene perplejos a muchos. Inicialmente un comediante de stand up, Chappelle firmó un contrato con la emisora Comedy Central para filmar un programa de sketches. La primera temporada de su programa–Chappelle’s Show–fue histórica. Luciendo un humor irreverente y lleno de astutas observaciones culturales, el programa revolucionó el sketch cómico. Lo fascinante de la producción era que, pese a sus raíces en la cultura afroamericana, no era necesario pertenecer a esa comunidad para disfrutar de los chistes.

Dice un dicho norteamericano que el trueno nunca cae dos veces en el mismo lugar, pero Chappelle lo logró con la segunda temporada. Los sketches fueron más creativos, las referencias más divertidas, el humor inigualable.

Chappelle en su legendaria interpretación del cantante Rick James. (Cortesía: Comedy Central)

Y la presión no se hizo esperar. Con dos temporadas exitosas consecutivas, los ejecutivos de Comedy Central salivaban en espera de la tercer temporada de Chappelle’s Show. Lo que obtuvimos a cambio fue uno de los momentos más polémicos en la historia de la televisión; Chappelle le dio la espalda a cincuenta y cinco millones de dólares y desapareció de la vida pública por casi doce años. Las mentes más perversas juraban que él había sufrido de un colapso nervioso o que recibía tratamiento por una adicción aún desconocida.

Chappelle hizo de su regreso algo paulatino, recuperando su amor por el stand up. Aunque seguía siendo un gigante de la comedia ahora se tomaba momentos entre sets para predicar en contra del sistema hollywoodense que provocó su exilio en el 2005. Más que ser un hombre con gracia ahora es un gurú. Dos anécdotas—¿parábolas?—suyas saltan de mi memoria y me convencen de esto.

En la primera de ellas, narrada en esta entrevista, Chappelle habla sobre un método utilizado en África para encontrar agua. Aparentemente los nativos arman una trampa con un terrón de sal como señuelo; un babuino mete la mano y, en su terquedad por querer sacar el señuelo, queda atrapado. Entonces sus captores lo encierran en una jaula y le dan toda la sal que desee. Después proceden a liberarlo y seguirlo hasta el manantial más cercano. Ahí los aldeanos y el babuino beben hasta saciarse. “En esta analogía,” Chappelle dice, “sentí que yo era el babuino, pero aprendí a soltar el terrón de sal.”

La segunda anécdota se relaciona con Iceberg Slim, un expadrote convertido en autor. Iceberg describe en sus memorias cómo golpeaba a las prostitutas para después cuidar de ellas y mimarlas. Al final sus víctimas acababan tan agradecidas que olvidaban cualquier abuso y le juraban lealtad incondicional. Chappelle compara los abusos y exigencias de Comedy Central, sus jefes–y por poco sus dueños–, con un padrote manteniendo a sus mujeres obedientes a cambio de míseras recompensas.

El autor/padrote Iceberg Slim. (Cortesía: Hip Hop Enquirer)

No faltan las críticas. Muchos postulan que Chappelle tuvo la oportunidad de defender sus principios y alejarse de la fama sólo porque tenía suficiente solvencia económica. Aunque su punto no es del todo inválido su cinismo no los dejará ver más allá del dinero, justo como el babuino estaba obsesionado con la sal. Además, el mismo Chappelle bromeó en su especial The Bird Revelation que él no quiere ser un héroe, sino rico.

Es más importante preguntarnos cuánta integridad y cuánto respeto debe tenerse alguien para reconocer los abusos a los que es sometido. Si dejamos de hablar de millones de dólares y nos enfocamos en un salario más o menos decente, ¿cuántos abusos no hemos soportado a cambio de promesas que difícilmente valen la pena, si es que acaso se cumplen? Si hablamos de proporciones, ¿cuánto ganan aquellos que explotan nuestro trabajo a comparación de nosotros?

La historia de Chappelle es algo más que la historia de una celebridad berrinchuda que tomó su pelota y se fue a casa. Sus actos son una fantasía que me atrevo a decir muchos compartimos, un escenario perfecto en el que nuestro carácter brilla por encima de cualquier tentación y nos libera de los apegos terrenales. Es el triunfo de la dignidad, el despertar hacia nuestras fallas y las del mundo que habitamos, el humilde reconocimiento de nuestro valor como individuos y de nuestra aportación al mundo.

Y por eso Dave Chappelle es mi mentor.

Dave Chappelle y sus personajes más famosos. (Cortesía: Pinterest)

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