Encuentro en un Café

Recado a Amanda, la inalcanzable

Te encuentro en un café
siempre misteriosa, siempre radiante.
Me sonríes y me invitas a acercarme.
Me preguntas cómo van los libros
y te contesto que van bien,
que estoy escribiendo mi escape
de tus encantos, de tus labios,
de tu profundidad.
Me deseas suerte
y me preguntas si vengo acompañado.
Te contesto que sí,
que vengo con alguien
que es tal vez un décimo
de lo que eres tú,
una fracción de tus maravillas,
que quiero acostarme con ella
para ver sí así logro olvidarte, superarte.
Me preguntas si realmente creo eso
y te confieso que no,
pero estoy dispuesto a intentarlo.
Sonríes otra vez y te quedas callada.
Te repito que ya sabes dónde encontrarme
y nos despedimos.

Cuando me alejo
me preguntas si ella tiene alguna idea.
Te contesto que tal vez,
pero es terca
como las anteriores,
aunque no tanto como yo.

A través de las bocinas del café
Morrissey se pregunta
si el cuerpo gobierna a la mente
o la mente gobierna al cuerpo
y admite no saberlo.
Yo tampoco.

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