Afonía

Hace poco me quedé afónico más no callado.

El 14 de marzo del 2018 marcó el inicio de la Feria Internacional del Libro (FIL) UABC. Estaba listo para promover mi trabajo pese a una saludable cantidad de dificultades. La menor de ellas parecía ser una garganta irritada.

Conforme vendí mi trabajo en la FIL, la molestia se convirtió en un ardor insoportable. Mi voz regularmente estridente no era más que un quejido. Sin ella, lo más que podía hacer era jadear “Buenas tardes” y esperar no espantar a los clientes. Mi presencia en el resto de la feria peligraba y con ella la posibilidad de promover los nuevos tirajes de mis últimos dos libros; de las pocas alternativas que tenía, rendirse era la más sencilla.

La necesidad no obstante es la madre de la invención. Ya que tenía memorizado en mi cabeza un breve–pero efectivo–discurso de venta, me llegó la idea de transcribirlo a una hoja laminada y prestársela a los interesados, una estrategia similar a los sordomudos que piden cooperación en los semáforos. Inspiraba algo de pena y vergüenza pero, como dije anteriormente, había demasiado en juego. Aunque tenía mis dudas sobre lo que sucedería esa tarde, valía la pena al menos intentarlo.

Me instalé en el segundo día de la FIL listo para lo que viniera. Mientras acomodaba mi mesa, las dudas que antes había sabido acallar–¿es mi trabajo en realidad bueno o sólo soy bueno para las ventas?–ahora eran gritos. Lidié con esas dudas del mismo modo que lidio con la incertidumbre que siempre entorpece mi pluma; me lancé a la arena, en las palabras de Theodore Roosevelt, listo para fallar espectacularmente.

Para mi suerte, mi nuevo acercamiento a los clientes fue un éxito. El interés en mis libros perduraba con o sin mi intervención directa. Gracias a las láminas con mi discurso tuve un día extra para descansar mi voz y volver en mejor forma para el viernes 16.

Nunca pensé en cómo descuidé mi garganta en un principio ni en lo ridículo que me debí haber visto. Sólo me importaba que hice de una dificultad una oportunidad. Aunque sólo soy un escritor tratando de ganar reconocimiento en el ámbito local, no por esto deja de ser una victoria personal importante. Creo que puedo permitirme un poco de orgullo. La lección que aprendí tal vez no es nueva pero sí es una que es importante recordar: el que no arriesga no gana.

Ésta fue la historia de cómo probé los límites de mi ambición y la fe en mi obra literaria.

Gracias por su atención.

2 ideas con respecto a “Afonía”

  1. Leí 2 de tus trabajos y me encantaron llegaron a mis manos gracias a una amiga en comun mucho exito, espero tener en mis manos este ultimo y conocerte saludos cordiales .

    1. ¡Muchas gracias por tu interés y tu comentario! Sígueme en Facebook en la página PinedaEscribe para estar al tanto de los eventos en los que apareceré.

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